!! PREMIO NOBEL DE QUIMICA 2008 A LOS DESCUBRIDORES DE LA PROTEINA VERDE FLUORESCENTE !!
8/10/2008
El descubrimiento de una proteína que brilla en la oscuridad les ha valido el Premio Nobel de Química a Osamu Shimomura, del Instituto Oceanográfico Woods Hole y la Universidad de Boston en EE UU, Martin Chalfie, de la Universidad de Columbia de Nueva York y Roger Y.Tsien, de la Universidad de California en San Diego, La Jolla.
La sustancia en cuestión despide una fosforescencia verdosa, se excita con la luz y no necesita ningún tipo de energía adicional. Se denomina GFP (siglas en inglés de Green Fluorescence Protein).
La importancia del hallazgo
El hallazgo es tan importante, de acuerdo con la academia sueca, ya que la GFP se comporta como un chivato, haciendo visible lo invisible, ?como el desarrollo de las células nerviosas en el cerebro o la manera en que se dispersan las células cancerosas?, reza en su comunicado oficial.
Encontrar una proteína que brilla es como tener una bandera si se utiliza adecuadamente. En esencia, las proteínas son esenciales y la vida no se concibe sin ella, y dentro de los cuerpos de los seres humanos circulan decenas de miles de proteínas en un complicado puzzle metabólico, cada una regulando delicadamente un proceso químico vital.
Muy útil para la investigación
Enganchar la GFP a otras proteínas permite visualizar sus movimientos, y en la actualidad, los investigadores conocen mejor el Alzheimer y sus daños neuronales gracias a esta sustancia, la manera en la que las células del páncreas producen la insulina, o incluso el funcionamiento del cerebro de un ratón en un caleidoscopio de luces.
La GFP se encuentra en algunos tipos de medusas como Aequorea victoria, y fue Osamu Shimomura quien la descubrió al ver que brillaba bajo la radiación ultravioleta. Los comienzos de Shimomura fueron difíciles.
El trabajo de los ganadores
Después de la devastación causada por las bombas atómicas, Shimomura fue contratado en 1955 para trabajar en la Universidad de Nagoya, en Japón. Su mentor, el profesor Yashimasa Hirata, le puso un reto: averiguar qué es lo que hacía brillar los restos de un molusco machacado del género Cypridina cuando se le mojaba, ?y lo hacía con una intensidad asombrosa, 37.000 veces más que el molusco.
Un costoso equipo americano lo había intentado sin éxito. Shimomura tardó sólo un año en aislar este fabuloso material. Al publicar sus trabajos, fue contratado por la prestigiosa Universidad de Princeton en Nueva Jersey (EEUU), y tras un largo viaje por el océano Pacífico, este investigador japonés se centro en otro problema no menos fascinante: averiguar por qué la medusa Aequorea victoria despedía un brillo verdoso cuando se la agitaba.
El resultado
En sus experimentos, obtuvo una sustancia fluida del animal y descubrió que despedía brillos azules en agua de mar enriquecida con calcio. Tras obtener apenas unos miligramos a partir de 10.000 medusas, descubrieron en el fluido una proteína que brillaba con luz ultravioleta: no necesitaba más energía adicional, y la radiación le bastaba.
Las aplicaciones de la proteína vendrían por parte de Martin Chalfie, que la usó como un chivato luminoso en la genética, al colorear células individuales de un gusano trasparente, Caenorhabditis elegans. Este extraordinario organismo es el más conocido del mundo célula a célula (empieza su vida con exactamente 959 células), y gracias a la GFP y el ingenio de Chalfie los científicos se hicieron con un asombroso mapa multicolor del gusano.
Además, este experto logró que uno de sus estudiantes insertase el gen responsable de la GFP en el interior de una bacteria, la E. coli (un inquilino que habita nuestros estómagos) para que fabricase la GFP. Las contribuciones de Roger Y. Tsien ayudaron a comprender mejor cómo brillaba la proteína e incluso extendió el abanico de colores con el que se podían colorear otras células.
Para ello aisló la secuencia de un pigmento que contiene la proteína, compuesto de 238 aminoácidos. Utilizó la ingeniería genética para cambiar de sitio algunos de esos aminoácidos, y como consecuencia, GFP resultante absorbía y despedía la luz en otras porciones del espectro. Logró ?versiones? de la GFP que brillaban en cian, azul y amarillo.
El uso extensivo de esta proteína ayuda a los investigadores a visualizar incluso lo que ocurre dentro de las células, siguiendo sus procesos químicos. Si se tiene en cuenta que una célula tiene un tamaño medio de 0.02 milímetros, el desafío es formidable.
Gracias a la GPF, se puede comprender cómo las células construyen nuevos vasos sanguíneos y determinar qué tipo de fármacos lo impiden, abriendo nuevas perspectivas terapéuticas contra el cáncer al impedir que los tumores desarrollen sus propios vasos. Las aplicaciones en biología y medicina son de un potencial fabuloso. /Ecodiario.es/
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